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lunes, 14 de agosto de 2017

DESPERTAR

Despiertas en el piso de una habitación con tenue luz, apenas si puedes ver a tu alrededor, conforme los segundos pasan la claridad se hace presente. Te examinas el cuerpo, notas sangre en tus manos, buscas respuestas en el lugar; sabes que la sangre no es tuya. Ahí está en el piso tu pareja, herida, desangrándose; un cuchillo a un costado suyo, te acercas con horror pues no recuerdas nada de lo que pasó. Le hablas por su nombre esperando respuesta, no contesta. Te incorporas, buscas la salida, llegas hasta la puerta, la abres; y entre saliendo miras de nuevo hacia el cuerpo, esbozando una ligera sonrisa.

martes, 4 de julio de 2017

BONDAD

A pesar del daño que yo le había causado, era capaz de sonreírme y verme con su mirada dulce y apacible. Yo me sentí como el peor de los hombres, no podía mirarle a los ojos ¿Cómo puede mirarme de esa manera si la he lastimado tanto? Pensé.
Te amo, me dijo, y con un beso de su boca aniquiló mi pesar, en esos momentos comprendí que ella era mejor que yo.

martes, 20 de junio de 2017

PRESENCIA

Recuerdo aquella vez, cuando sin su presencia en mi cama, percibí su perfume; vino a mí la esperanza de  abrazarla  otra vez, como cada noche… Pero luego recordé que ella ya no estaría más conmigo.

viernes, 19 de mayo de 2017

UN REFUGIO

Recuerdo ese día, Cuando todo comenzó, aún puedo ver los rostros de mis padres  aterrorizados. Los escuche decir que los soldados se acercaban  para despojarnos de todo lo que teníamos; yo intentaba comprende que pasaba.  Un fuerte ruido se escuchó, eran ellos; interrumpiendo con violencia en nuestra casa  echándonos  fuera como a unos perros.  La sorpresa que nos llevamos al ver que no éramos los únicos que habíamos sido despojados de todas nuestras pertenencias, vecinos y conocidos  eran empujados a punta de pistola  por las calles por los soldados.

 Toda la gente fue dejada a su merced en la plazoleta principal; donde pasamos varios meses, el tiempo pasaba y la desesperación era mucho mayor. Se escuchaba el  llorar de mis hermanos y otros niños más pequeños que yo, de mujeres desconsoladas porque algunos se morían de inanición, ya que la comida que nos daban los mismos soldados era muy escasa.

Durante ese tiempo los adultos habían planeado atacar a los soldados durante la noche. De pronto mi padre se levantó de donde estábamos y le dijo a mi madre:
 —Tengo que ir, —Dijo mi padre—, si no lucho hoy,  vendrán a matarnos de cualquier forma. Cuida bien de nuestros hijos, quizás no vuelva. Esto no hubiera pasado si cuando fui joven  hubiera hecho  algo por remediarlo. 
—No vayas —Le suplicó mi madre— ¿Qué voy a hacer yo sola con nuestros hijos? 
—Toma esto y escapa de aquí.

Mi padre sacó un pañuelo de seda y se lo entrego a mi madre.
Decididos hombres y ancianos se pusieron de pie. Armados con los que habían encontrado hurgando en por las calles, caminaron hacia la batalla; entre la sombra de la noche y  la neblina desaparecieron. Los disparos de las metralletas por parte de los soldados no se hicieron esperar, era bastante desequilibrada esa pelea. Los gritos y sufrimiento de las mujeres al saber sus esposos muertos solo  podrían ser más fuertes que los mismos retumbares de las balas.

 Mi madre asustada  corrió para ver si mi padre había muerto, no lograba ver nada: todo se había cubierto de fuego, humo y cenizas, ya era imposible ver a más de dos metros. Nadie estaba a salvo allí, en ningún lugar estábamos a salvo. Todos los lugares públicos y privados que existían, habían sido tomados por el ejército y el gobierno, ellos ahora tenían todo el poder de hacer lo que querían con nosotros.

 Ya no podíamos permanecer más tiempo en ese lugar. Mi madre abrazo a mi hermano más pequeño  y yo tome de la mano a mí otro hermano, nos llevo a otro lugar donde no estuviéramos cerca del peligro.  Caminamos por la calle a oscuras, no podíamos ver hacia dónde íbamos; de pronto  aparecieron unas luces que se acercaban, mi madre trato de hacernos a un lado y escondernos para no ser vistos. Difícil era ver en donde no escondíamos; pero era más importante hacerlo. Toda una caravana de vehículos del ejército  pasaron de largo, por suerte no nos vieron; seguimos caminando pegados a las paredes de las casas que ya habían sido  desalojadas.  Era complicado usar una de esas casas para escondernos, podrían los soldados buscar y nos encontrarían fácilmente. 

Los llantos de las mujeres y niños que se habían quedado se desvanecían al tiempo que nos alejábamos del lugar.  Mis hermanos y yo llorábamos de hambre, mi madre nos decía que guardáramos silencio si no queríamos ser descubiertos.  Difícil era conseguir comida, agua o ropa. Nuestras esperanzas de llegar lejos  caminando eran imposibles,  mi madre decidió intentar abrir una de las casas para  pasar la noche allí. Fácil se le hizo romper una de las ventanas  y entrar por ahí,  nos arriesgábamos a ser descubiertos por los soldados,  era mejor descansar un poco. Sin hacer mucho ruido ni prender ninguna luz de la casa nos instalamos en el piso, si se le puede llamar instalarse a eso.

 Mi madre busco por la casa algo que comer, por suerte esa casa recientemente había sido despojada de sus dueños, encontrando algo todavía  para comer;  pero no tardarían mucho en llegar los embargadores  y llevarse todo, eso eran lo que hacían con las casas de las personas que no pagaban, las obligaban a decidir entre su vida o pagar todas sus deudas.  Esa noche cenamos y dormimos después de tanto tiempo, bueno, mama casi no, tenía que estar atenta por si algo pasaba. Mañana seria otro día en el cual Dios diría si seguíamos con vida.